Persona con las manos en la zona baja de la espalda por dolor lumbar (lumbago)
Patologías

Lumbago: por qué el dolor lumbar casi nunca tiene una sola causa

Publicado el 6 de julio de 2026 · Actualizado el 5 de septiembre de 2026
7 min de lectura
Dr. Adrián Zárate

En la consulta escucho casi todos los días la misma frase: "Doctor, tengo lumbago… me dijeron que tengo una discopatía". Es una preocupación muy razonable, porque la palabra suena grave. Pero una discopatía, por sí sola, casi nunca es la explicación completa del dolor —y el lumbago, en la gran mayoría de los casos, no tiene una sola causa. Es la suma de varios factores, y entender eso cambia por completo la forma de tratarlo (y de recuperarse).

Te lo explico en simple, con peras y manzanas.

Qué es el lumbago (y qué no es)

Lumbago es simplemente el nombre que le damos al dolor en la zona lumbar, la parte baja de la espalda. No es un diagnóstico en sí mismo, sino un síntoma: la señal de que algo en esa región —músculos, articulaciones, discos, nervios o incluso el sistema que "procesa" el dolor— está sobrecargado o irritado.

Lo importante: en casi todas las personas con lumbago no es posible identificar una única estructura culpable. Solo una pequeña proporción tiene una causa concreta y bien definida (una hernia que comprime un nervio, una fractura, una infección o un tumor). Por eso, cuando alguien me dice que "una vértebra se salió", suelo aclarar con cariño que la columna casi nunca funciona así: es mucho más resistente y estable de lo que imaginamos.

"Me dijeron que tengo una discopatía": qué significa (y qué no)

Discopatía suena a enfermedad seria, pero en la mayoría de los casos describe simplemente el desgaste natural del disco intervertebral con los años —algo tan normal como las canas o las arrugas, pero por dentro. El punto clave, y por eso insisto tanto en él: encontrar una discopatía en una resonancia no significa automáticamente que ella sea la causa de tu dolor.

Lo confirman los estudios de imágenes hechos en personas sin dolor. Según una revisión sistemática publicada en la revista AJNR (Brinjikji et al., 2015), la degeneración del disco aparece en el 37% de las personas de 20 años y sube hasta el 96% a los 80 —todas ellas sin dolor de espalda. Los abombamientos discales van del 30% al 84% en ese mismo rango de edad. En otras palabras: a partir de cierta edad, tener "algo" en el disco es lo esperable, no la excepción. (DOI)

Por eso, cuando un paciente llega angustiado con un informe que dice "discopatía degenerativa multinivel", mi primer trabajo suele ser bajar el susto: casi siempre es un hallazgo compatible con la edad, no una condena ni, por sí mismo, una indicación de operar. Lo que manda es cómo estás tú, no solo lo que muestra la imagen.

Y como el lumbago es multifactorial, buena parte de la prevención ocurre fuera de la consulta: en cómo se sienta, se para y levanta peso durante la jornada. Lo desarrollo en prevención del dolor de espalda en el trabajo.

Por qué el lumbago casi nunca tiene una sola causa

Aquí está el corazón del asunto. El lumbago es lo que en medicina llamamos multifactorial: aparece cuando se juntan varios ingredientes al mismo tiempo. Piénsalo como una tormenta perfecta, donde ninguna gota por sí sola explica la inundación.

Estos son los grupos de factores que más veo combinarse:

  • Factores físicos y mecánicos: posturas mantenidas, cargar peso con mala técnica, sedentarismo, poca fuerza en la musculatura del tronco (el "core") o, al revés, sobreesfuerzos puntuales. La estructura importa, pero rara vez es la historia completa.
  • Estilo de vida: el sobrepeso, el tabaquismo y el sedentarismo aumentan de forma consistente el riesgo de sufrir y de perpetuar el dolor lumbar. No es casualidad: afectan la nutrición del disco, la inflamación y la capacidad de recuperación del tejido.
  • Factores psicológicos y del sueño: el estrés sostenido, la ansiedad, el ánimo bajo y dormir mal amplifican la percepción del dolor. No significa que "sea mental" ni que el paciente lo invente; significa que el sistema nervioso, cuando está agotado, sube el volumen de las señales de dolor.
  • Factores laborales y sociales: trabajos físicamente demandantes, insatisfacción laboral y contextos de mayor vulnerabilidad social se asocian a lumbago más frecuente y más incapacitante.

Cuando entendemos que son varios hilos entrelazados, se vuelve obvio por qué una sola medida rara vez basta —y por qué buscar "la pastilla" o "la vértebra" que lo arregle todo suele decepcionar.

Infografía del Dr. Adrián Zárate: el lumbago es multifactorial. En el centro, el dolor lumbar; alrededor, cuatro grupos de factores que se suman: físicos y mecánicos, estilo de vida, psicológicos y sueño, y laboral y social.
El lumbago rara vez tiene una sola causa: varios factores se suman.

Qué dice la evidencia actual

Esto no es solo mi impresión clínica. Una revisión de referencia publicada en la revista The Lancet (Hartvigsen et al., Lancet, 2018) —hoy uno de los trabajos más citados sobre el tema— es categórica en dos puntos. Primero, que en casi todas las personas con lumbago no se puede identificar una causa nociceptiva específica, y solo una minoría tiene una causa estructural bien entendida. Segundo, que el riesgo de que el dolor se vuelva persistente e incapacitante depende de una mezcla de factores físicos, psicológicos (como la angustia inicial y la intensidad del dolor) y sociales, con un papel creciente de cómo el sistema nervioso central modula el dolor. De hecho, el lumbago es hoy la principal causa de discapacidad en el mundo. (DOI)

Los datos más recientes del estudio de Carga Global de Enfermedad, publicados en The Lancet Rheumatology en 2023, dimensionan el problema: 619 millones de personas con lumbago en 2020, con una proyección de 843 millones para 2050, y cerca del 39% de la discapacidad atribuible a factores ocupacionales, tabaquismo y peso corporal. Es decir: buena parte de esto se puede prevenir. (DOI)

Traducido a la consulta: tratar el lumbago mirando solo una radiografía es como intentar entender un incendio observando una sola chispa. Por eso el abordaje que funciona es amplio, no un parche aislado.

Dos problemas distintos que se confunden todo el tiempo

Y acá quiero hacer una distinción que me parece la más importante de todo el artículo, porque de ella depende que a alguien le indiquen —o no— una cirugía que no necesita.

Una cosa es el lumbago inespecífico: dolor en la zona baja de la espalda, sin compromiso de un nervio, sin déficit, con una resonancia que muestra los cambios propios de la edad. Otra muy distinta es una compresión neurológica objetivada: un nervio realmente apretado, con dolor que baja por la pierna siguiendo un territorio definido, y un examen físico que coincide con la imagen.

Para el segundo grupo, la cirugía sí cambia el pronóstico, y hoy tenemos buena evidencia de que esperar demasiado empeora el resultado —lo explico en ciática: cuándo hay que operar y en estenosis lumbar—.

Para el primero, en cambio, la respuesta honesta es que la cirugía de fusión no ha demostrado ser superior a un tratamiento conservador bien hecho. Una revisión sistemática de la Sociedad Francesa de Cirugía Raquídea (Barrey y Le Huec, Orthopaedics & Traumatology, 2019) concluyó que, cuando el brazo no quirúrgico incluye rehabilitación intensiva y abordaje cognitivo-conductual, la artrodesis no supera al tratamiento conservador ni en dolor ni en función, y recomienda al menos un año de manejo conservador antes de siquiera plantear la cirugía (DOI). A eso se suma un dato que a mí me pesa mucho: una revisión de 2022 en The Clinical Journal of Pain estimó que más de uno de cada tres pacientes sigue usando opioides a largo plazo después de una artrodesis lumbar.

Operar un lumbago inespecífico casi nunca es la solución. Operar un nervio comprimido, a tiempo, muchas veces sí lo es. La diferencia entre ambos no la da la resonancia: la da el examen clínico.

Cuándo el lumbago sí necesita estudio

Si nada de esto está presente, lo habitual es que el lumbago mejore en pocas semanas y que pedir imágenes de entrada aporte poco (y a veces confunda, mostrando "hallazgos" normales para la edad que no explican el dolor). Si tienes dudas sobre un dolor que baja por la pierna, te dejo mi página sobre dolor ciático y sobre la hernia discal.

Cómo lo aborda el equipo del Dr. Zárate

Mi forma de trabajar, y la del equipo del Dr. Adrián Zárate Azócar, parte de esta idea multifactorial: si el problema tiene varias causas, la solución también es multimodal. En la mayoría de los casos eso significa kinesiología y ejercicio guiado como pilar, manejo del dolor para poder moverte, ajustes en el estilo de vida (sueño, actividad, peso, dejar de fumar) y educación para perderle el miedo a la espalda. La cirugía queda reservada para esa minoría con una causa estructural clara que de verdad la necesita — y en ese grupo, no conviene demorarla.

Ese es también el sentido de una segunda opinión médica: muchas veces mi rol como neurocirujano no es operar, sino confirmar que no hace falta operar y ordenar el camino de recuperación. Si quieres reforzar tu espalda con un plan sensato, puedes revisar mis ejercicios para fortalecer la columna, y si te ofrecieron cirugía y no estás seguro, los criterios que reviso antes de operar o mi trayectoria pueden ayudarte a decidir con calma.

¿Tienes lumbago que no mejora y no sabes qué camino tomar? Agenda tu evaluación conmigo.

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