
«Doctor, no me caí. Solo me agaché a recoger algo del suelo y sentí que algo se rompió en la espalda». Escucho esa frase varias veces al mes, casi siempre de una paciente sobre los 65 años. Y casi siempre es una fractura vertebral por osteoporosis: el hueso estaba tan frágil que un gesto cotidiano bastó para vencerlo.
Es la fractura por osteoporosis más frecuente que existe, más que la de cadera. Y sin embargo es la que más pasa inadvertida: se estima que dos de cada tres nunca se diagnostican. Se atribuyen a "un lumbago fuerte", a "la edad", a una mala noche. El paciente aguanta, se encorva un poco más, y sigue.
Quiero explicarle en simple qué es esta fractura, cómo se reconoce, cuáles se recuperan sin cirugía —que son muchas— y en qué casos indico cementar la vértebra.
Qué es exactamente una fractura vertebral por fragilidad
La osteoporosis vacía el hueso por dentro. La vértebra mantiene su forma exterior pero pierde densidad, como una esponja seca que conserva el contorno y ya no soporta peso. Llega un punto en que el cuerpo vertebral cede y se aplasta sobre sí mismo. A eso le llamamos fractura por compresión.
Por eso no hace falta un accidente. Basta toser fuerte, bajar mal un peldaño, levantar una maleta liviana. En medicina lo llamamos fractura por fragilidad justamente porque el trauma es mínimo o inexistente: el problema no fue el golpe, fue el hueso.
La pregunta correcta no es "¿qué me hice?", sino "¿por qué mi hueso se rompió con tan poco?".
Por qué importa tanto la primera
Acá está lo que más me interesa que se entienda, porque es lo que cambia el pronóstico.
Una vértebra aplastada no vuelve sola a su altura. Queda más baja adelante que atrás, en forma de cuña. Eso inclina el tronco hacia adelante y desplaza el centro de gravedad. Las vértebras vecinas pasan a soportar una carga para la que no fueron diseñadas, sobre un hueso que ya es frágil.
El resultado es lo que llamamos cascada de fracturas: haber tenido una fractura vertebral multiplica por cinco, aproximadamente, el riesgo de tener la siguiente. Y cada nueva fractura acentúa la curvatura, lo que a su vez carga más las de al lado.
Las consecuencias van bastante más allá del dolor de espalda: pérdida de estatura, joroba progresiva, menor capacidad respiratoria porque el tórax se comprime, sensación de saciedad precoz al comer, y —muy importante— pérdida de equilibrio, que aumenta las caídas. Las fracturas vertebrales se asocian a mayor mortalidad al año que en personas comparables sin fractura. No es un problema estético ni un achaque.
Cómo se diagnostica: el detalle que decide el tratamiento
Partimos con una radiografía, que muestra si hay una vértebra de menor altura. Pero la radiografía tiene un límite serio: no distingue una fractura de hace tres semanas de una de hace tres años. Y esa diferencia lo es todo.
Por eso pido resonancia magnética. La resonancia detecta el edema óseo: el líquido dentro del hueso recién fracturado. Piénselo como un moretón dentro de la vértebra. Si hay edema, la fractura está activa y en proceso de consolidación. Si no lo hay, ya consolidó y el dolor que siente el paciente probablemente viene de otro lado.
La resonancia cumple además una segunda función que no es menor: descartar que la fractura sea patológica, es decir, causada por un tumor, un mieloma o una metástasis que debilitó la vértebra. En pacientes sin osteoporosis conocida, o con un patrón atípico, esa sospecha manda. Cuando queda alguna duda, se puede tomar una biopsia durante el mismo procedimiento percutáneo.
Primero, el tratamiento conservador
Quiero ser explícito, porque va contra lo que muchos pacientes esperan escuchar de un cirujano: la mayoría de estas fracturas no necesita cirugía.
El manejo inicial es analgesia bien indicada, a veces una ortesis (un corsé) por algunas semanas, y —esto es clave— movilización precoz. En el adulto mayor, el reposo prolongado en cama hace más daño que la fractura: neumonía, trombosis, pérdida acelerada de masa muscular, desorientación, dependencia. El objetivo es que el paciente se mueva con dolor controlado, no que se quede quieto.
Con ese manejo, buena parte de las fracturas consolida en seis a ocho semanas y el dolor cede progresivamente.
Cuándo indico cementar la vértebra
Paso a la opción del cemento cuando se cumple alguna de estas condiciones:
- Dolor intenso e incapacitante que no cede pese a un tratamiento conservador bien conducido, habitualmente después de dos a seis semanas.
- Colapso progresivo de la vértebra, documentado en imágenes seriadas.
- Imposibilidad de movilizarse. En un paciente mayor, dos semanas en cama pueden costar la autonomía. Acá el riesgo de esperar supera al de intervenir.
La evidencia sobre estos procedimientos es matizada y prefiero decirlo abiertamente. Los estudios que incluyeron fracturas antiguas o pacientes con dolor moderado no mostraron ventaja sobre el tratamiento simulado. Los que seleccionaron fracturas agudas con dolor severo sí mostraron beneficio claro. La conclusión no es que la técnica funcione o no funcione: es que funciona en el paciente correcto. De ahí la insistencia con la resonancia.
Vertebroplastia, cifoplastia y vesselplastia: cómo elijo
Las tres consisten en inyectar cemento óseo dentro de la vértebra a través de una punción, guiado por radioscopía y, en casos complejos, con TAC intraoperatorio. No hay incisión: son punciones milimétricas en la piel. La diferencia está en cómo se coloca el cemento.
Vertebroplastia
El cemento se inyecta directamente en el cuerpo vertebral, que funciona como una esponja que lo absorbe. Es la técnica más simple y directa. No recupera la altura perdida y, como el cemento se inyecta a mayor presión, tiene algo más de riesgo de que se escape fuera de la vértebra.
Cifoplastia
Primero introduzco un balón que se infla dentro de la vértebra. Ese balón crea una cavidad y, en fracturas recientes, recupera parte de la altura perdida, corrigiendo algo de la curvatura. Después retiro el balón y relleno esa cavidad con cemento a baja presión. Al existir un espacio ya creado, el cemento se dispersa menos.
Vesselplastia
Es la que reservo para los casos más delicados. Aquí el cemento no queda suelto dentro del hueso: se despliega primero un contenedor dentro de la vértebra y el cemento se inyecta dentro de ese contenedor, que lo retiene y lo obliga a expandirse de forma controlada.
La indico en los casos en que existe riesgo de fuga de cemento fuera de la vértebra. Esa fuga es la complicación que más nos preocupa en este tipo de procedimientos, porque el cemento puede migrar hacia el canal, donde pasan las estructuras nerviosas. Al quedar confinado en el contenedor, ese riesgo se reduce de forma importante, y eso amplía el rango de fracturas que pueden tratarse con una punción en vez de escalar a una cirugía mayor.
Cómo es el procedimiento y la recuperación
Realizo estos procedimientos en Clínica MEDS La Dehesa. Duran entre 30 y 60 minutos según los niveles a tratar, con sedación y anestesia local o anestesia general, dependiendo de las condiciones del paciente.
El alivio del dolor suele aparecer dentro de las primeras 24 a 48 horas, porque el cemento estabiliza los micromovimientos del hueso fracturado, que son los que duelen.
Sobre el alta, mi criterio es el siguiente: los pacientes de bajo riesgo quirúrgico se van a su casa el mismo día. A los de alto riesgo —por edad avanzada, comorbilidades cardiovasculares o respiratorias, o varios niveles tratados— los dejo una noche en observación. Es un procedimiento ambulatorio, pero la decisión de mandarlo a casa se toma paciente por paciente, no por protocolo.
El error más frecuente: creer que el cemento trata la osteoporosis
Si hay una sola idea que me gustaría que se llevara de este artículo, es esta.
El cemento estabiliza una vértebra. No fortalece las otras veintitrés. Un paciente que se cementa y no trata su osteoporosis es un paciente que va a volver a fracturarse, y probablemente en el nivel de al lado.
Por eso, en paralelo al procedimiento, siempre derivo a estudio y tratamiento de la enfermedad de base: densitometría ósea, evaluación de calcio y vitamina D, descarte de causas secundarias y tratamiento farmacológico específico, en conjunto con endocrinología o geriatría. Cementar sin tratar la osteoporosis es apagar una alarma sin apagar el incendio.
Cuándo conviene una segunda opinión
Cómo abordamos estos casos en el equipo del Dr. Adrián Zárate Azócar
Veo con frecuencia dos escenarios opuestos, y ambos me preocupan. El primero: un paciente al que le dijeron que "no hay nada que hacer, es la edad", condenado a meses de dolor y a perder autonomía por una fractura que sí era tratable. El segundo: un paciente al que le indicaron cementar tres vértebras cuando la resonancia mostraba edema en una sola.
En ambos casos, una revisión cuidadosa de las imágenes cambia la conducta. Si está en alguna de esas situaciones, puede solicitar una segunda opinión médica antes de decidir. Si vive en regiones, revisamos sus imágenes por telemedicina de columna sin que tenga que viajar a Santiago para una primera evaluación.
Mi formación en técnicas mínimamente invasivas y endoscópicas, que puede revisar en detalle en mi trayectoria profesional, apunta justamente a esto: resolver con la menor agresión posible, y solo cuando está indicado.
Una última cosa sobre la columna del adulto mayor
La fractura rara vez viaja sola. En pacientes mayores suele convivir con un canal estrecho por artrosis, y no siempre el dolor que más molesta viene de la fractura. Si además le cuesta caminar más de una o dos cuadras y necesita detenerse, vale la pena revisar también la estenosis lumbar, porque el tratamiento de una y otra es distinto y el orden en que se abordan importa.
Distinguir cuál de las dos está generando los síntomas es buena parte del trabajo de un especialista en columna vertebral. Y de esa distinción depende que la solución sea una punción de 30 minutos o algo completamente distinto.
¿Identifica alguno de estos síntomas?
No deje que el dolor limite su vida. Una evaluación oportuna en Clínica MEDS es el primer paso hacia su recuperación.