
Enseñar para operar mejor
Hay una idea que guía mi carrera: un cirujano se mide tanto por lo que opera como por lo que es capaz de transmitir. Por eso, participar como ponente y docente en el Curso Internacional de Tumores Intramedulares —organizado por el Departamento de Neurología y Neurocirugía de Clínica MEDS— fue mucho más que una conferencia más en la agenda. Fue volver al núcleo de por qué hago lo que hago.
En este artículo quiero compartir, en lenguaje accesible, qué son los tumores intramedulares, por qué la anatomía de la médula espinal es tan determinante en su tratamiento, y qué significó para mí formar a un grupo de cirujanos de columna jóvenes en el monitoreo neurofisiológico intraoperatorio.
¿Qué es un tumor intramedular?
Los tumores intramedulares son lesiones que crecen dentro de la propia médula espinal, no a su alrededor. Representan un porcentaje pequeño de los tumores del sistema nervioso central, pero plantean uno de los desafíos quirúrgicos más exigentes de la neurocirugía: hay que extraer la lesión preservando un tejido que controla el movimiento, la sensibilidad y funciones vitales, y que tolera muy poco el error.
A diferencia de los tumores extramedulares —que comprimen la médula desde fuera—, los intramedulares se originan en el tejido nervioso mismo. Eso obliga a abrir la médula (mielotomía) y a trabajar en un plano donde cada estructura cumple una función. Por eso el diagnóstico precoz mediante resonancia magnética y la derivación a un equipo con experiencia en cirugía de médula espinal son determinantes para el pronóstico.
Tipos de tumores intramedulares más frecuentes
No todos los tumores de médula espinal son iguales. Conocer su origen orienta tanto el pronóstico como la estrategia quirúrgica. Los más frecuentes son:
- Ependimomas — los más habituales en el adulto. Suelen presentar un plano de clivaje que, en manos expertas, permite aspirar a una resección completa con buenos resultados funcionales.
- Astrocitomas — más frecuentes en niños y jóvenes. Tienden a ser más infiltrativos, por lo que el objetivo quirúrgico se adapta caso a caso, priorizando siempre la función.
- Hemangioblastomas — tumores muy vascularizados, en ocasiones asociados a la enfermedad de von Hippel-Lindau, donde el control vascular durante la cirugía resulta clave.
Definir el tipo de tumor —primero con imágenes y, finalmente, con la biopsia— marca el objetivo de la cirugía: desde la resección completa hasta una estrategia más conservadora que ponga la integridad neurológica por delante de cualquier otra meta.
Los "dos ejes longitudinales": por qué la vascularización lo cambia todo
En mi charla me concentré en la anatomía vascular y funcional de la médula espinal, y en particular en lo que llamo los dos ejes longitudinales:
- La arteria espinal anterior, única, que irriga los dos tercios anteriores de la médula. Es dominante y, al ser única, su compromiso produce el temido síndrome de la arteria espinal anterior.
- Las arterias espinales posteriores, pares y plexiformes, que nutren el tercio posterior con una red más redundante y, por lo tanto, algo más tolerante.
Esta asimetría anatómica y funcional no es un dato de manual: define qué abordaje es seguro, dónde se puede trabajar con margen y dónde un milímetro decide el resultado neurológico del paciente. Comprenderla es el primer paso para operar la médula con respeto.
El monitoreo neurofisiológico intraoperatorio: operar "con las luces encendidas"
La cirugía moderna de médula espinal no se concibe sin monitoreo neurofisiológico intraoperatorio multimodal. Potenciales evocados motores y somatosensoriales, electromiografía y mapeo funcional nos permiten vigilar en tiempo real las vías que estamos intentando preservar. Es, literalmente, operar con información continua sobre la función del paciente en lugar de hacerlo a ciegas.
Cuando una de esas señales cambia, el equipo puede detenerse, ajustar la maniobra y muchas veces revertir el riesgo antes de que se traduzca en un déficit permanente. Esa capacidad de reaccionar en tiempo real es, hoy, un estándar de seguridad en la cirugía de tumores intramedulares.
Formar a la próxima generación
La parte que más me marcó no fue la teoría, sino el taller práctico. Trabajar codo a codo con cirujanos de columna jóvenes, verlos integrar el monitoreo a su técnica y resolver dudas en el mismo pabellón, es la forma más concreta que conozco de hacer crecer la especialidad.
Creo que la excelencia quirúrgica no se acumula: se transmite. Cada especialista que formamos hoy operará a cientos de pacientes en las próximas décadas. Esa es, para mí, la verdadera multiplicación del impacto de un médico.
Gracias
Agradezco a los directores del curso, el Dr. Francisco Soto y el Dr. Enrique Concha, y a todo el equipo de Clínica MEDS por la invitación y la confianza.
Preguntas frecuentes sobre tumores intramedulares
¿Qué es un tumor intramedular?
Es un tumor que crece dentro de la médula espinal, en el propio tejido nervioso, y no a su alrededor. Por eso su tratamiento exige abrir la médula con técnica microquirúrgica y preservar las vías que controlan el movimiento y la sensibilidad.
¿Un tumor intramedular es siempre cáncer?
No necesariamente. Muchos tumores intramedulares del adulto, como los ependimomas, suelen ser de bajo grado y crecimiento lento. Otros, como ciertos astrocitomas, pueden ser más agresivos. El tipo exacto se confirma con la biopsia y define el pronóstico y la estrategia quirúrgica.
¿Cómo se opera un tumor intramedular de forma segura?
Con planificación por resonancia magnética, microcirugía y monitoreo neurofisiológico intraoperatorio multimodal, que vigila en tiempo real las vías neurológicas. El objetivo es lograr la mayor resección posible preservando la función del paciente.
¿Qué es el monitoreo neurofisiológico intraoperatorio?
Es un conjunto de técnicas —potenciales evocados motores y somatosensoriales, electromiografía y mapeo funcional— que permiten al equipo vigilar la médula durante la cirugía y reaccionar antes de que un cambio se convierta en una lesión permanente.
¿Cuándo debo consultar a un neurocirujano de columna?
Ante dolor de espalda o cuello persistente, pérdida de fuerza, alteraciones de la sensibilidad o dificultad progresiva para caminar. Si ya le indicaron una cirugía y tiene dudas, una segunda opinión médica le ayuda a decidir con información completa.
Sobre el Dr. Adrián Zárate
Soy neurocirujano con foco en cirugía de columna y médula espinal, y dedico parte importante de mi tiempo a la docencia y formación de nuevos especialistas. Puedes conocer mi trabajo clínico, mis publicaciones y áreas de atención en drzarate.cl.
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